miércoles, 18 de enero de 2012

¿Eres una buena persona? Averígualo...

Cuida lo inseguro, Cuida a tu pareja...

Mi Testimonio (la otra cara de la moneda)

Estimados hermanos:





Cuando mi esposo B me mostró lo que había escrito como testimonio para compartir con ustedes, pensé que yo también iba a escribir y contarles mi versión de los hechos, jaja. Así que aquí voy…:




Pues como saben, con B tenemos 4 años de relación. Cuando lo conocí (y tengo pruebas escritas de eso, jaja), lo primero que me dijo es que tenía 3 hijos a quienes amaba con toda su vida. Rápidamente pude comprobarlo, pues su vida giraba en torno a cuidarlos, a trabajar para ellos y amarlos. Nunca había visto yo a un padre así. Él fue sincero desde el inicio en esto mostrándome quién era y qué quería en la vida. Yo, asustada al inicio, aunque me atraía como hombre, pensé que no le daría cabida en mi vida por el tema de sus hijos. Yo era soltera, sin hijos, nunca casada ni acompañada, por lo que en principio me parecía que no era lo que yo buscaba. Para mí, B tenía la etiqueta de “divorciado y con 3 hijos”. Cualquiera se habría corrido, jaja.




Sin embargo, Dios obra de maneras que uno no espera ni imagina. Y conforme fui conociendo a B, me fui dando cuenta de lo maravilloso que era como hombre, él en su esencia. Me di cuenta de que compartíamos anhelos, sueños, principios, valores, y que era la persona con la que quería compartir mi vida. Fue un proceso rápido, pero intenso. Fue como encontrar a mi complemento, a la otra mitad que me faltaba.





Conocí a sus hijos de uno en uno (para no asustarme mucho decía él, jaja), y conforme los fui conociendo se fueron venciendo mis temores, cayendo mis prejuicios y me di cuenta de que B era también sus hijos: F, J y M. Que la cosa era “en combo” y descubrí lo mucho que necesitaban a una figura materna.




Así decidí unirme a B, para “ser mamá” de 3 muchachos adolescentes. Comencé ayudándole a coordinar el tema de compra de despensas para ellos. Poco a poco fui metiéndome más y estar pendiente de más cosas relacionadas con ellos hasta que a finales de 2009 decidimos sacarlos de Soyapango y traerlos a vivir en la Cima 4, a la vuelta de nuestra casa.





Debo confesar que la idea fue mía. B tenía la idea de sacarlos a otra colonia de Soyapango, pero yo le dije que por qué no nos los traíamos cerca, que alquiláramos algo por ahí y fue así como en enero de 2010 comenzaron a vivir cerca. Ahí sí ya pude ver más de cerca sus necesidades y apoyar en la administración de la nueva casa. Pude darme cuenta cómo B cambió y ahora era mucho más feliz que antes pues tenía la otra mitad de su corazón también cerca. Antes, lo había visto sufrir en las noches preocupado por sus hijos que estaban lejos. Ahora todo había cambiado.





Sin embargo, luego la situación económica y la carga de llevar dos casas nos hicieron pensar en por qué mejor no buscábamos una casa más grande para estar todos juntos y que así nos ahorrábamos algunos costos. Dios nos puso la casa en la que estamos actualmente sin que la buscáramos y entonces en agosto del 2010 se dio la fusión.




En mi corazón había un deseo sincero de que ellos estuvieran bien, que como familia comenzábamos esta nueva etapa. Pero como bien dicen por ahí, que hasta que uno no vive con las personas no se da cuenta de muchas cosas.





Y para mí (y para todos) fue un cambio grande. Ahora tenía bajo mi techo a 3 adolescentes y a mi suegro. Y eso ya implicaba manejar otra lógica en cuanto a cantidad de comida a cocinar, más compras, más consumo en recibos, pero también descubrir desórdenes, calcetines “tóxicos” tirados por ahí, bolsones tirados en mis sillones, niños que se lo comen todo, que pelean entre sí, ruido, deberes, exámenes, líos con las novias, un suegro difícil de llevar, una enorme carga financiera etc etc etc. También ya no podía corretear a B por toda la casa en libertad ni andar vestida como quisiera a la hora que fuera jajaja; Algo totalmente nuevo para mí que en ese momento aún no era mamá.




Y entonces la convivencia se me comenzó a hacer bien pesada y cargada. Porque a todo lo anterior le agregábamos el que ya con B no teníamos la misma intimidad que antes. Ya no estaba al 100% solo para mí, sino que también comencé a ver de cerca las reuniones de él con sus hijos para regañarlos, reconvenirlos, etc.





También, en la noche, estábamos tan cansados que ya no nos dedicábamos tiempo como antes. Él pegado a la computadora hasta bien noche trabajando. Y cuando ya estábamos en la cama, medio en serio medio en broma, él “me dividía la cama” con la almohada, o simplemente se daba vuelta. También B se quejaba de muchas cosas mías y yo me sentía mal por eso. Encima, yo embarazada, con problemas de presión y diabetes, nos prohibieron las relaciones sexuales.




Luego, cuando nuestra hijita K S llegó a nuestras vidas, me comencé a sentir que no era lo suficientemente buena madre para ella porque él me exigía y me exigía por cómo esperaba que fuera con la niña.




Y para ponerle la cereza al pastel, B dejó de trabajar en la misma empresa que yo. Entonces ahora compartíamos menos tiempos juntos en el día. Ya no era como antes que estábamos más pendientes el uno del otro, ya no orábamos juntos en la mañana rumbo a la oficina.




Cuando en la reunión de célula hablaron de la insatisfacción en el matrimonio como algo a lo que había que prestarle atención, se me encendió la luz de advertencia, pues yo me sentía así: cargada e insatisfecha. Si bien cuando lo conocí yo sabía que tenía hijos, nunca pensé que fuésemos a vivir todos juntos y llegar a sentirme así. Y quizá lo que más me preocupó es que comencé a sentir en mi corazón un sentimiento de rechazo grande y de enojo hacia ellos. No sé. Era bien feo lo que sentía.




Y llegué a preguntarme en qué momento decidimos que nos fusionaríamos. Cómo había llegado hasta ahí!! Así que se lo dije tal cual lo sentía. Que me preocupaba porque lo amo y que ya no me quería sentir así. Acordamos que buscaríamos ayuda.




Y pues gracias a Dios, la ayuda del Señor llegó a través de nuestro líder de célula. La reunión que tuvieron ellos fue de mucha bendición para nuestras vidas. Porque B ha cambiado mucho desde entonces. Desde ese momento, su trabajo se termina a las 6.00 p.m. Y a esa hora apaga todo y salimos a dar una vuelta con mi hija, vemos tele juntos y hemos mejorado nuestra intimidad y comunicación. Hablamos y hemos renovado nuestros votos y deseo de compartir juntos nuestra vida.




Por supuesto que no todo está resuelto. Siempre hay cosas en las que mejorar cada día. Pero quiero hoy también dar testimonio para gloria de Dios de que cuando ponemos las cosas en manos de Dios, cuando nos rendimos y nos damos cuenta de que en nuestras fuerzas no podemos, entonces Dios comienza a obrar.




Y lo pude terminar de comprobar en noviembre del año pasado. Dos de los hijos de B habían decidido irse a vivir con la mamá de ellos nuevamente. Si bien en un momento, pensé que era una manera de liberarnos carga emocional, pude ver lo que esto significaba para B perder a dos de sus hijos. De alguna forma me sentía hasta culpable porque sabía que parte de la decisión de él de dejarlos ir porque ellos querían era también para ayudar a los problemas que teníamos como matrimonio.




Finalmente, por obra de Dios, los muchachos ya no se fueron con la mamá y pude ver cómo eso cambió el rostro de B. Estaba lleno de felicidad que no le cabía en el pecho. Y entonces pude ver y valorar más lo que ellos significan en nuestro hogar. Contrario a lo que imaginé, yo también respiré aliviada porque se quedarian. Pienso que Dios utilizó esta experiencia para ayudar a madurar mi corazón y hacerme pensar en cuál es el propósito que Dios tiene para mi vida.




Y creo que he descubierto uno de los principales propósitos. Dios me preparó en toda mi vida para llegar hasta aquí y ser la ayuda idónea para B en todos los aspectos de su vida, incluyendo a sus hijos. Y el ser mamá de K S también me ha ayudado a saber que el gran amor que yo siento por mi hija es el mismo amor que él siente por sus 3 varones. Que aunque ya estén “gorilas” jaja, para él siguen siendo sus bebés y que como su esposa estoy con él en todo y para todo. Que ellos no son una carga, sino una bendición, y que estoy para apoyarlo a él en el enorme privilegio de ser quien les guíe y oriente en esta vida. Dios está obrando y está poniendo en mí otro tipo de sentimientos en mi corazón y me está dando mucha más paz y tranquilidad para sobrellevar el día a día que sigue sin ser fácil de pilotear.




Ayyyy, creo que he escrito demasiado!!!!. Espero no haberles aburrido. Pero quería también contarles yo cómo estoy viviendo todo este proceso.





Yo les motivo a que si tienen problemas como matrimonio a que busquen ayuda. No importa si creen que el problema no es tan grande aparentemente o si solo su esposo o esposa cree que tienen un problema. Hay que vencer los temores y abrir nuestros corazones.





A las esposas las invito a que ante una situación que consideramos problema o carga, pensemos cuál es el propósito de Dios en nuestras vidas para esta situación. Las invito a que no hagamos las cosas en nuestras fuerzas sino en las fuerzas de Dios. Que nos rindamos a él, que dejemos que él tome el control de nuestros matrimonios, que él se glorifique a través de nuestras vidas.




Dios les bendiga.





Gloria a Dios!




K de F.

lunes, 2 de enero de 2012

Libertad en el Matrimonio.

Testimonio:


Con mi esposa K, tenemos cuatro años de relación, dos años y medio de casados y la verdad ha sido lo más maravilloso de toda mi vida. Sin embargo, como bien dice el dicho, no todo en la vida es color de Rosa.


Yo soy un Hombre que llevé una vida muy difícil (no es mi intención contarlo todo) simplemente hacer ver que era divorciado y a pesar de que fue un divorcio sin problemas; de tal forma que hasta amigos éramos y como mis 3 hijos me quedaron a mí, yo no tenía problema que ella llegara a la casa a verlos, salir con ellos etc.


Cuando El Señor me concedió casarme nuevamente (y ahora por la iglesia), me convertí en el Hombre más Feliz del Mundo. Había encontrado a una mujer excelente, bella, inteligente, trabajadora, excelente mujer, amiga y compañera, y lo mejor, es que me había aceptado con todo y mis hijos!! Después de un año y medio de casados, decidimos que mis hijos y mi papá vivirían con nosotros en la misma casa. Mi esposa, me ayudaba, aconsejaba y apoyaba con ellos; sentí que el Señor había contestado todas mis súplicas y estaba muy feliz.


El Señor nos llamó y llevo a la iglesia donde nos congregamos actualmente y empezamos a asistir a una célula de matrimonios; como todas las cosas, temas difíciles, trabajo, cansancio, estrés. Pero yo me sentía bien y no me preocupaba nada (en relación con mi matrimonio). Pero un día en una reunión se abordó el tema de la insatisfacción, como una puerta hacia algo desastroso.. Cuando se me preguntó (según yo), todo estaba perfecto, no había nada de qué preocuparse.. Pero mi esposa hizo un gesto que nadie notó!! Y que yo tampoco hice caso en ese momento.. Luego ya en la noche, cuando estábamos conversando (ya solos en la cama antes de dormir), ella me dijo: Sabes, me siento cargada y un poco agobiada, es duro y difícil llevar la carga de la convivencia con tus hijos, y me siento preocupada porque te amo, pero antes todo era diferente, hemos perdido nuestra intimidad…….


Dentro de mi cabeza, no sabía qué había estado pasando!! Quéeee, cuándo pasó eso?? Cómo paso?? En qué momento?? Cómo hemos perdido la intimidad?? De qué me hablas?? Y en mi cabeza no entendía qué pasaba ni mucho menos a qué se refería ella… me sentí muy preocupado y un poco molesto, pero Gracias a Dios, le dije, tranquila, busquemos ayuda.. Esa noche, según la predica, el líder dijo claramente: que si había algo en tu vida y matrimonio que te causara alguna insatisfacción (lo que sea) con el tiempo se haría más y más pesado, hasta que se convirtiera en un problema grande, que lo mejor era que si había algún tema o circunstancia que causara malestar, insatisfacción y que nos callábamos por amor al otro, era mejor decirlo y pedir ayuda. Gracias a Dios mi Esposa fue sabia y me lo dijo antes que fuera un problema mucho más grande y difícil de tratar.


Así que en los días siguientes se lo comenté a nuestro líder, él me invito a un almuerzo (él pago, guaaaooo comí rico), y empezamos a conversar. Al principio empezamos platicando, luego él empezó a hacerme preguntas: desde las básicas hasta otras muy íntimas. Como por ejemplo: cada cuanto teníamos relaciones, por qué si y por qué no, me daba consejos de qué cosas hacer para estar más relajado y poder estar dispuesto cuando ella lo quisiera y darme cuenta de que mi cuerpo y el de ella no son propios si no del otro y ambos del Señor, y que además en las relaciones sexuales, hay un misterio divino de unión y entrega del uno al otro, mucho más allá de una simple satisfacción. También me hizo conciencia de las pequeñas cosas que había estado dejando de lado: como nuestras salidas al cine, salidas a cenar juntos (sin mis hijos), ver una película ó programa juntos, escucharla sin decir nada ni juzgarla o regañarla, y que oráramos juntos, que ella viera en mí un hombre de Dios (no es que no lo sea).



Pero ahora me doy cuenta de que soy un hombre que amé y amó demasiado a mis hijos y como fui padre soltero durante casi 5 años, todo mi mundo eran ellos y cuando me casé, en vez de colocar a mi esposa dentro del grupo importante, dejé de verla y la puse adelante y al frente para que me ayudara a cuidar y atender a mis hijos, descuidé los detalles pequeños y básicos, creyendo que ella sabía que la amaba y que ella entendería muchas cosas que ahora juntos con mis hijos era así.


La verdad me equivoqué. Gracias a Dios ella tuvo la fe en Dios para decirlo. No es que ahora ya soy un hombre perfecto, pero todo esto nos ayudó y unió aún más de lo que ya estábamos. Ahora salimos a caminar a Multi, la gran vía (a caminar porque no hay pisto jajaja), vamos al cine juntos, vemos tele juntos y juntos tenemos actividades con mis hijos, de tal forma que ahora trato de cuidar no sólo a mis hijos, sino que he comprendido que Dios me ha escogido para amarla y cuidarla y que ella no es un “burro de carga”, es una mujer delicada, dulce y bella y necesita que le dé tiempo, atención, cuidados y que la escuche y le ayude.


No es tan fácil (todos los hombres me entenderán, jajajaja) ya que a veces de un tema se pasa a otro y me quedo pensando umm “y esto era parte de lo anterior o es lo mismo”, pero sigo poniendo atención y al final ella se ríe y me dice!! Juela, de una cosa me paso a la otra!! Cómo haces para entenderme.. jajajjajaj se ríe.


Amo a mi esposa y estoy agradecido con Dios por el Regalo y la bendición que ella representa en nuestras vidas. Y lo que les puedo decir es que ser Hijo de Dios y Hombre, es con la ayuda de Dios reconocer que algo no está bien y aunque lo que ella diga (la esposa) no parezca coherente o no sea problema para uno de hombre, sí lo es para ella!, hay que tomar cartas en el asunto y ayudarles con amor y cuidado. También no dejar que los pequeños detalles de relación de pareja se pierdan, ya que uno a veces, como ya es mi esposa, ya es mi mujer, perdemos las atenciones y cuidados. ¡Cuidado!.. ya que una Mujer bien atendida y cuidada es un gran apoyo y fortaleza (ya que ellas son más fuertes que nosotros), pero una Mujer descuidada e insatisfecha es un flanco vulnerable, en donde el enemigo enfocará todo su arsenal y si ella está así, seguramente hasta los problemas más pequeños le serán de mucha carga y estrés, así que entreguemos nuestros matrimonios al Señor y seamos lo suficientemente Hombres, para ser buenos esposos. Amigos y Compañeros de nuestras esposas.


Si tienes alguna pregunta o comentario, escribirme al correo: joseblad73@gmail.com


Recordemos que sólo con la ayuda del Señor, podemos crecer y aprender. Uno por sí solo no es posible. Gracias Jesús por amarnos tanto y por ayudarnos y bendecirme en mi matrimonio..



Bendiciones de lo Alto:




Saludos.




Por: BF.